sábado, 23 de diciembre de 2017

EL NACIMIENTO DE JESUS

Soy un canal. Me conecto a la Luz de la que procedemos y recibo una información actualizada que debe ser conocida por quien desee conocerla. Soy libre para publicar este texto canalizado. 
Eres libre de leerlo o de no leerlo. Si lo compartes te ruego que mantengas el texto completo y el nombre de esta canalizadora. Gracias, y ¡Feliz Navidad!

"Tras el aviso de que el rey temía por su reinado y asesinaría a todos los bebés que encontrara en su reino, mis padres terrenales, con fe ciega en el mensaje recibido, partieron con premura sumidos en la incertidumbre. El rey nunca comprendió cuál era mi reinado, pero almas inocentes fueron sacrificadas a causa del miedo y la ambición, y esta fue su misión.
Madre María, de Akiane Kramarik
El camino de una pareja que huye sin apenas bienes, en soledad y en secreto, a un mes del parto aproximadamente, aumentó la tensión del embarazo de mi madre. Una adolescente desposada con un hombre de más edad, que decía haber recibido el mensaje de un ángel, y acusada de muchas cosas que no vienen al caso aquí, hizo que estos meses fueran duros para nosotros. Podría yo haber nacido algo antes, pero ella necesitaba un lugar solitario, alejado de familiares y vecinos, y por ello tuve que esperar un poco. Así, con el trajín del camino a lomos de aquel animal y con el estrés de la persecución, comenzaron los dolores del parto y una vez encontrado un pequeño refugio pude yo salir del vientre de mi querida madre. Como si hubiera estado calculado, y en muchos detalles lo estaba, todo encajó para que María pudiera parirme con cierta tranquilidad, aunque con mucho miedo, pues era una mujer muy joven y no contó en ese momento con el apoyo de su madre o de su suegra, ni de ninguna vecina. Pero al menos se pactó con ella en el Cielo, antes de encarnar ella, que el parto sería rápido, pues ya tendría tiempo de sufrir por su hijo más adelante.
Nací, y una vez que mi padre José oyó el llanto, se emocionó y entendió que su fe y su comprensión habían sido premiadas, y nos miró con dulzura y me colocó sobre mi madre cubriéndome con lo que tenía a mano. No paraba yo de llorar sintiendo el aire en los pulmones y la vida física como un regalo, y mi madre me puso al pecho para que la primera leche tibia calmara mi hambre y mi contrariedad, y así lo hizo. Y recuerdo dormir por un rato en el frío de la noche y soñar de nuevo con el Padre Celestial, que miraba la escena con Amor infinito desde su trono. 
Horas después se acercó un pastor que oyó mi llanto y sintió movimiento en el refugio para ganado. Se apiadó de nosotros y sin preguntar siquiera le dio a mi padre una piel de oveja curtida para que yo durmiera. Mi padre terrenal la puso en el suelo para cuando María me soltara de sus brazos o se durmiera rendida ya por la tensión, el miedo y el esfuerzo. También nos dio este hombre queso y un trozo de pan que le había quedado del día. Horas más tarde otros dos hombres se acercaron, más por comprobar que no pasaba nada que por otro motivo, y también le dieron a mi madre leche de oveja para que se nutriera.
No tardó en correrse la voz de que un niño había nacido en el monte, en una noche peculiarmente estrellada y que sus padres no tenían nada, salvo el uno al otro y dos animales de carga. María empezó a comprender que las palabras del ángel le anticiparon también sufrimiento, y tuvo el breve y doloroso pálpito de que ese cuerpo que hoy abrazaba recién traído a la vida, sería tomado de nuevo en sus brazos décadas más tarde, pero para ser devuelto a Dios. Era mi destino: no se equivocaba.
Natività, de Carlo Maratta.
Semanas después, aún preguntándose mis padres sobre su destino, llegaron tres hombres. Llevaban ropajes extraños, como de otra época, y hablaban lenguas que mis padres no conocían. Les parecían

venidos de muy lejos, y no entendieron porqué estos hombres buscaban a una humilde familia perseguida. Mi madre, a veces, recordaba parte del plan, lo que le hacía este periodo algo más llevadero. Mi padre en cambio, pragmático y desconocedor de esta información del cielo, es el mayor ejemplo de fe y confianza en Dios que conocí en mi estancia en la Tierra en esa vida. Los tres hombres indicaron por señas que querían darnos unos regalos. Le fueron entregadas a José unas hermosas cajas con cosas que él no conocía, y que no se podían utilizar para nada, salvo el oro, que mi padre guardó e invirtió más adelante en mantas y alimentos. María miró aquellos presentes y creyó ver en este acontecimiento una prueba más de que realmente había tenido un hijo destinado a cambiar el mundo, aunque su mente racional no daba crédito... por el momento.
Pesé poco al nacer, lo que facilitó el parto, y engordaba rápidamente, pues mi cuerpo debía estar fuerte para todo lo que me esperaba. Pero nunca me sentí solo pues desde que abrí los ojos por vez primera en Bethlehem (Belén), siempre me vi rodeado de ángeles y querubines, hasta que me hice mayor.

Si celebras mi nacimiento, celebra entonces el amor a la vida, la fe en Dios Padre-Madre y en la Humanidad. Celebra entonces la generosidad, la solidaridad, la belleza, la honradez, la confianza... Si crees en mí y mi vida tuvo un sentido para ti, ¿qué haces que no estás ya perdonando a los que te hacen daño? ¿Qué haces aún llorando por tus muertos? ¿No ves que los tiene mi Padre tomados de la mano, en el Amor?

Sigue tu camino, confía en tu plan divino pues tú haces de este mundo un lugar mejor para tu alma y para tus hermanos, ¿que quiénes son tus hermanos? Todo lo que existe está unido a ti en un lazo infinito e invisible. Míralo con amor todo y sabrás quién es Dios y comprenderás el porqué de todas las cosas. Y mi nacimiento y mi muerte no habrán sido en vano".

Jesús de Nazaret


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